La Historia de una Madre Moldava en la Educación Española 🇲🇩
Hoy he podido entrevistar a una madre moldava como parte del proyecto final de Didáctica, y quería compartir su punto de vista sobre las familias inmigrantes en la escuela.
Kathy leva 16 años en España tiene a sus dos hijos —Dylan, un niño con TEA, y su hermana pequeña— en un centro educativo, el CEIP John Lennon de Fuenlabrada que, para ella, se ha convertido en un verdadero punto de apoyo. Desde el primer momento, ha percibido una diferencia enorme respecto a su país de origen: aquí encuentra cercanía, profesionalidad y un trato humano que considera excepcional. Describe el ambiente como acogedor, familiar y lleno de comprensión, algo que le ha permitido sentirse integrada y respetada como madre extranjera en un sistema nuevo.
La adaptación al sistema educativo español ha sido un proceso gradual y, en ocasiones, desafiante. Le cuesta ayudar a su hijo con algunas tareas, especialmente porque las metodologías y formas de enseñar no encajan con lo que ella estudió de niña. Aun así, nunca ha sentido que esté sola: cuando tiene dudas, pregunta en el centro y siempre recibe explicaciones claras. Además, en actividades participativas como Carnaval, Navidad o Halloween, señala que los docentes hacen un esfuerzo extraordinario por incluir a todas las familias, independientemente del idioma o la cultura, lo que ayuda a que todos se sientan parte activa de la comunidad escolar.
Uno de los momentos más sensibles de su recorrido fue la comunicación de que Dylan necesitaba apoyo educativo específico. Al principio fue difícil emocionalmente, pero valora muchísimo que la información se le diera con empatía y claridad. Gracias a la coordinación entre guardería, Atención Temprana y colegio, recibió pautas concretas para ayudarle en casa y estrategias para establecer rutinas. Dice que esto produjo un cambio “de 360 grados” en su hijo, y que sin esta detección temprana probablemente no habría comprendido la importancia de intervenir a tiempo.
En general, Kathy se muestra muy agradecida por la comunicación constante entre el colegio y su familia, considerándola esencial para el bienestar y progreso de sus hijos. A pesar de vivir en otra localidad, elige cada día llevarlos a este centro porque siente que allí han encontrado algo más que aulas: han encontrado un equipo que acompaña, una comunidad que acoge y un entorno donde sus hijos pueden crecer felices y apoyados. Para ella, este colegio no es solo un espacio educativo, sino un verdadero hogar en su camino en España.
Aunque la experiencia de esta madre moldava es muy buena, yo creo que no todas las familias inmigrantes viven un ambiente escolar tan bueno. En su caso, el que domine bien el español facilita mucho la comunicación con el centro, la comprensión de las indicaciones y la participación en la vida escolar. Otras familias, con barreras lingüísticas o con menos recursos para entender el sistema educativo, pueden encontrarse con más dificultades para integrarse, entender las rutinas o expresar sus necesidades. Por eso considero que la experiencia de esta madre muestra una realidad muy valiosa, pero no necesariamente universal.
Aun así, me parece bonito y significativo que familias como la suya se sientan tan bien acogidas y acompañadas en su centro, al nivel de cualquier familia española. Su relato demuestra el enorme impacto que tiene una escuela que escucha, orienta y acompaña sin importar el origen o las circunstancias. Me parece muy importante que, cuando la comunicación es efectiva y la comunidad educativa trabaja desde la empatía, el colegio puede convertirse en un verdadero hogar para todas las familias, independientemente de donde venga.

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